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Juegos de mesa en la escuela

Esta entrada es un artículo publicado en el diario “El Punt Avui”, en el que colaboramos periódicamente.

Aprender y jugar son dos verbos que deberían conjugarse conjuntamente con más frecuencia. Los juegos en las aulas podrían ser un excelente apoyo a la inestimable y difícil tarea de enseñar. El acto de jugar acerca a las personas y es beneficioso a nivel cognitivo, emocional y sensorial.

El juego es el medio por el que las personas nos enfrentamos a nuestro primer aprendizaje. Juegos sensoriales relacionados con el tacto, la vista, el oído o el gusto: jugamos con las cosquillas y las caricias; a un escondite primitivo, tapándonos y destapándonos mientras preguntamos – ¿dónde está el nene?; jugamos con las primeras palabras; simulando un avión con las primeras papillas. Para los pequeños todo es un juego mediante el cual se relacionan con el mundo que les rodea, un mundo lleno de sorpresas.

A medida que crecemos nuestro tiempo de juego va menguando. ¿En qué momento y por qué decidimos tomarnos la vida demasiado en serio y concluimos que ya no tenemos edad de jugar?

Durante años mi actividad musical ha estado centrada en audiciones escolares, llevando la música a las escuelas, divulgando el maravilloso mundo de la percusión con diversos espectáculos dirigidos a niños desde P3 hasta sexto de primaria. Eso me ha dado la oportunidad de visitar centenares de aulas a lo largo y ancho de la geografía catalana y una de las cosas que siempre me ha llamado la atención son los juegos y juguetes que se apilan en los rincones o en las estanterías, esperando su turno para formar parte de la vida de sus pequeños amigos. Si vamos subiendo por las diferentes etapas escolares, ciclo a ciclo los juguetes van desapareciendo. Los juegos serán los siguientes. Y en el cambio a secundaria…¡se acabó!
El tiempo parece escabullirse de las manos y se nos echa encima el horario, las extraescolares, los deberes ¿y jugar? Relegado a la hora del patio, a momentos perdidos entre obligación y obligación o al fin de semana.

Los planes de estudio siguen basando el aprendizaje en la clase magistral y la memorización de información. Una información que en el actual periodo de desarrollo tecnológico está, más que nunca, al alcance de un clic. Año tras año aparecen informes que nos hablan de una preocupante tasa de fracaso escolar. Las leyes sobre educación cambian de una legislatura a otra por intereses ideológicos y partidistas, confundiendo a toda la comunidad educativa, pero tienen en común su aferramiento a la memorización de contenidos. ¿Y si incorporásemos una herramienta estimulante y cercana a los niños y jóvenes? ¿Podríamos introducir los juegos de un modo activo al aula? Aprender jugando.

Si nos centramos en los juegos de mesa, estamos ante una interesante herramienta de transmisión de valores y conocimientos. Una transmisión indirecta ya que, en general, no es el objeto del juego. Honestidad, respeto a las reglas, tolerancia, generosidad, son algunos de los valores que podemos encontrar implícitos en muchos juegos de mesa. En cuanto a conocimientos, las matemáticas están integradas ya sea en la propia mecánica del juego, ya en los métodos de puntuación. Lenguaje, expresión oral o escrita, historia, geografía…
la numerosa hornada de juegos de mesa modernos ofrece gran diversidad de opciones. Y no debemos olvidar el importante conector social que representa jugar con otros.

Un juego que ha conseguido una atención especial pudiéndose encontrar ofertado en algunas escuelas es el ajedrez. Sin duda es una actividad llena de bondades: potencia la concentración, el pensamiento táctico y estratégico, la creatividad para encontrar combinaciones, la toma continua de decisiones. Desde hace unos pocos años, el Scrabble se está abriendo paso en buen número de escuelas del área metropolitana de Barcelona con notable éxito, gracias al incansable empuje de la Federació Internacional de Scrabble en Catalá, que consiguen hacer que centenares de niños disfruten con las palabras. Se trata de dos ejemplos de juegos que han alcanzado un alto grado de reconocimiento y que tienen clara aplicación pedagógica.

Pero el mundo de los juegos de mesa que pueden ser útiles a nivel escolar tiene muchos más ejemplos que apenas son conocidos ¿Qué más podemos encontrar? Juegos en los que desarrollar la imaginación, el pensamiento abstracto y lateral, la empatía como “Dixit” o “Ikonikus”. Para practicar el lenguaje oral y escrito creando inesperadas historias, como “Story cubes”  o “Verbalia”, este último un proyecto mano a mano entre el escritor y mago de las palabras Marius Serra y el experto en juegos Oriol Comas. Jugando cooperativamente en busca de un objetivo común, con los sencillos “El frutal”, “Hop, hop, hop” o el aventurero “L’illa prohibida”. Para trabajar el cálculo tenemos “Código secreto 13+4”, “Matematikus” o el divertido “De mudanzas”. Todos ellos no son más que un pequeño ejemplo del enorme abanico de opciones disponible.

Ahí están los nuevos juegos, esperando ser descubiertos. Integrar el juego a la actividad cotidiana del aula puede ser un elemento más para despertar el interés de los niños y niñas en continuar aprendiendo. Y haciéndolo con lo que más les gusta: jugar.

1comentario
  • Rub
    Publicado a las 15:23h, 22 enero Responder

    Molt interessant i hi estic d’acord. Sabeu si en altres països, Alemanya potser, s’utilitzen els jocs de taula a les aules?

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